Los partidos políticos no son clubes de fútbol

jueves, 23 de octubre de 2008

Pese a lo evidente del título (es una auténtica trivialidad) tiene bastante más sentido de lo que parece. La gente se posiciona automáticamente. El que un buen día de pequeño "se hace" del real Madrid o del barcelona (etc) suele determinar en ese momento que sus colores a animar el resto de sus días serán el blanco en el caso de unos o el azul y grana en el caso de los otros (etc). Nos puede parecer absurdo, pero eso así, poca gente que sea "hincha" de un equipo te dirá: "No, yo era del equipo X, pero como no jugaba bien y no me gustaba su forma de pasar el balón, pues ahora soy del equipo Y". Nos aferramos a ese equipo y no hay forma de que nos apeemos de él. Llueva, nieve, truene o salga el sol por Antequera defenderán sus colores allí a donde vayan (y peor aún... hagan lo que haga).

En política, por surrealista que parezca, la gente se comporta de una manera análoga (antes que alguien me eche a las hienas que conste que estoy generalizando). La gente un buen día, normalmente llegada la mayoría de edad, decide votar a un partido, "fulanitos unidos", "alianza de menganitos" o como se llame. Está demostrado que esa gente durante el resto de sus días seguirá fervientemente vinculada (que no afiliada) a su partido de elección, hagan lo que hagan y nos diga la lógica lo que nos diga. Lo defenderán a muerte, ignorarán sus errores, ensalzarán sus supuestos ideales y méritos y (aquí lo más grave de todo) menospreciarán, del mismo modo que lo hacen los ultras de un equipo de fútbol, a los oponentes, con toda la crudeza y fiereza que esté en su mano, y nuevamente, nos diga la lógica lo que nos diga.

Nuestro principal error suele venir de nuestra propia forma de elaborar las ideas. Nuestro cerebro es asociativo, esto es, nuestra memoria no funciona como la de un disco duro, donde la información se encuentra indexada, sino que funciona mediante asociación de hechos y de conceptos. Ese precisamente es el principio del fin de la capacidad de raciocinio de muchos. Este punto es recurrentemente usado en publicidad por las marcas. "Aspirina" es el nombre comercial de un fármaco de Bayer, mientras que por asociación todo el mundo llama a cualquier píldora "aspirina". "Kleenex" es una marca de pañuelos de papel, pero está tan asociado en nuestro cerebro la marca que usamos directamente el término "kleenex" en lugar de pañuelo de papel. Un publicista podría servirnos montañas de ejemplos de manipulación de la sociedad.

Este principio de la asociación también es hábilmente empleado en política. Normalmente para asociar para si mismo conceptos buenos y asociar a los rivales conceptos malos. De tal manera, una persona cuya moral case con los conceptos "A", "B" y "C" tenderá a relacionarse con un partido que se haya impregnado de eso conceptos ¡independientemente de que dicho partido alguna vez cumpla con tales conceptos". Es el típico "los políticos nunca cumplen con lo que prometen", que efectivamente es cierto, pero aunque no lo hagan consiguen engañarnos una y otra vez (realmente nos engañamos nosotros mismos al dar credibilidad a algo no contrastado).

Y es en este punto donde entra en funcionamiento otro de los grandes ardiles políticos. A mi me gusta compararlo con uno de los principios de educación de perros y de alienación más famosos: "el premio aleatorio". Podríamos explicarlo como el principio de la lotería, o de las tragaperras. En una tragaperras echas dinero muchas veces, pero solo eventualmente consigues obtener un premio. Este sistema demuestra fin increíblemente adictivo en todas las especies animales, y claro, el hombre no es una excepción. Volvamos a nuestro ejemplo de los conceptos "A", "B" y "C". Si jamás realizaran nada que satisficiera uno de estos conceptos la gente evidentemente se cansaría, pero... ¿y si eventualmente se realizara algo relacionado con una parte del concepto "A"?. En efecto conseguiríamos que el individuo creyese que efectivamente hay relación fuerte entre el partido y el concepto (sin reparar evidentemente que es una relación forzada y casual). Estas técnicas (solo he contado dos... hay muchas) forman parte de lo que se conoce como "manipulación de masas", consiguiendo alienar a la gente y normalmente encaminándola a la confrontación con otras personas.

Cuando nos cuenten algo hay que estudiarlo, comprobar si es realista, razonar si precisamente no nos interesaría más lo contrario, dudar y contrastar todo lo que nos digan y desde luego JAMÁS, convertirnos en esa masa torpe lenta y boba que se hace hincha de un partido político. Recuérdenlo siempre, los partidos políticos no les dan de comer, somos nosotros los que pagamos su pan.

Sed buenos ;) (y pensar en ello)

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Es exactamente lo que pienso, la gente se aferra a un partido polìtico como a un equipo de fùtbol. Y lo que es peor, no votan en base a unos ideales, ni siquiera creo que tengan ideales. Y cuando intentas discutir con alguien sobre polìtica todo se reduce a un bipartidismo estùpido PP-Psoe como Madrid-Barca.

Siento las tildes, pero estoy en un teclado extranjero.

Saludos.