
Las palabras no son malas... ¿pero no acabo de poner justo lo contrario en el título?. Sí y no. Las palabras no son malas en si mismas. Una palabra no hace daño, no siente ni padece, y una vez pronunciada sencillamente se la lleva el viento, el timbre y tono cambian de modulación, la onda se extravía y nunca más nadie volverá a oír esa palabra perdida (podrá oír otra parecida, pero justo esa no). Ahora bien, la palabra en manos de mentes maquiavélicas es todo un arma de destrucción.
A día de hoy padecemos el cruel retorcer de las palabras por una especie de pandemia que ataca a nuestra clase política. Hablo de las frases "políticamente correctas". Si se fijan en nuestro día a día se han ido demonizando ciertos términos (para nada malvados en si mismos) y han sido "oficiosamente" intercambiados por otros de una sonoridad más parecida a la de un arpa, una sonoridad empleada para convencer a la masa de que quienes tocan dicho arpa son buenos y quienes no... pues malos (la eterna y elemental distinción entre el bien y mal que nos hace tan simples a todos nosotros).
De este modo a día de hoy ya no hay "viejos", ni siquiera encontramos "ancianos", ahora hay sólo "personas de avanzada edad", que viene a ser exactamente lo mismo que viejo... pero por lo visto "viejo" suena feo (o nos han convencido de que suena feo). Ya no hay "paralíticos", hay "disminuidos físicos", pero como esto aún no sonaba lo suficientemente bien ahora se los conoce como "personas de movilidad reducida" o "personas con sus capacidades mermadas", que nuevamente es el mismo perro con distinto collar, solo que pasado por la trituradora de lo políticamente correcto. Ya no estamos "en guerra" estamos en "misiones humanitarias" o en "misiones de paz", lo cual no deja de ser curioso porque la gente muere exactamente igual que en la guerra. También han desaparecido de la calle los "maricones" y los "mariquitas", ahora uno encuentra "homosexuales" o (mucho más cool) "gays". Evidentemente no hay "crisis" (no al menos hasta que no convenga reconocerla, momento en el cual el término pasa a ser reconocido con carácter retroactivo e histórico), hay "desaceleración económica" o "situaciones coyunturales desfavorables". La tortura nos lleva incluso al extremo de la mutación, dando lugar a creaciones tales como "miembra"... que solo Dios y su ensambladora saben lo que han querido decir.
En definitiva nos encontramos en una corriente de pensamiento en la que todo aquello cuya carcasa pueda parecer remotamente que esconde un contenido (significado) malvado es desechado por una versión más aterciopelada (que normalmente trata de edulcorar la dureza del término original). Ya no llamamos a las cosas por su nombre, y peor aún, no las llamamos por su nombre por la vergüenza al "qué dirán" (¿qué dirá quién?). Aquellas personas no adecuadas para aceptar una visión objetiva y cruda de la realidad se han equivocado de plano de la realidad (o son tiernos e inocentes).
La "corrección política" no es más que otro disfraz de la "manipulación de masas". Las versiones optimistas siempre calan con mucha mayor facilidad en las personas que aquellas que son duras, pero como contrapunto, la solución de un problema siempre tiene como paso previo la confrontación con el mismo (clásico y manido ejemplo de "para saber cambiar una rueda antes siempre tienes que haber cambiado una"). Nuestra "única" (entiéndase este única con unas comillas gigantescas) vía de pensamiento debería ser la razón. Las ideas deberían entrar en nuestras amuebladas cabezas sin estereotipos preconcebidos, y con una voluntad crítica suficiente para absolutamente todo lo que se nos ofrezca, y por supuesto deberíamos poder expresar también nuestras ideas con claridad, sin necesidad de perder tiempo en poner trajes de seda a la mona.
Las palabras no son malas, ninguna pasará nunca un proceso judicial, y ninguna debería ser odiada no siendo conocida... y desde luego, las palabras no están al servicio de personas dispuestas a utilizarlas en su propio beneficio y a costa del nuestro.
Sinceramente y ante tanta corrección no se si tengo "síndrome del lunes", "estrés" o si simplemente estoy hasta las narices.
Sed buenos ;) (y dar buen uso a vuestra materia gris).
Nota: He de advertir que como el efecto de la diavolización sobre las palabras está tan extendido, antes de echarme a los perros háganme el favor de leer que dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua sobre algunos de los términos referidos con anterioridad.
Nota2: Lamento la prolongada ausencia, la vida es como es y el trabajo... pues también ;).
El sectarismo de RNE
Hace 12 años
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